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Friday 25 September 2020
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En busca de fosas clandestinas

♦ Testimonios de los voluntarios

♦ «Hijo hasta no enterrarte te seguiré buscando»

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Foto por Thalía Güido Z.

Por Thalía Güido Z./ Ana De la Cruz

«Hijo hasta no enterrarte te seguiré buscando» es la consigna impresa en sus playeras. El ambiente de violencia que existe en Guerrero ha llevado a los familiares a hacer búsquedas por su propia cuenta, en las que la esperanza es encontrar el cadáver para por lo menos enterrarlo dignamente y conseguir un poco de paz.

Guerrero se ha convertido en un cementerio, plagado de fosas clandestinas que contienen restos de personas que han sido asesinadas.

A partir de la indignación que causó la desaparición forzada de los 43 estudiantes, familias que han vivido la misma desgracia decidieron organizarse ante la incompetencia de las autoridades para dar razón del paradero de sus seres queridos. A través de territorio narco, los parientes buscan centímetro a centímetro, con herramientas (que expertos forenses calificarían de precarias) como lo son palas viejas, picos y varillas de metal de 1.20 cm; con esto han hallado 45 cadáveres que no habían sido registrados por la PGR en el Cerro Gordo que da fondo al paisaje de Iguala.

«Nosotros hemos hallado más de 100 fosas, aunque la procuraduría maneja 61» cuenta Juan Jesús Canaán, un militar retirado que está aquí para buscar a dos sobrinos secuestrados en agosto de 2008.

Canaán explica el procedimiento para hallar una fosa: «Se mete la varilla, se extrae, se huele. El olor de un cuerpo en descomposición humano es muy conocido, lo marcamos como positivo, es donde se pone las banderolitas. Ya el lunes venimos con personal de la PGR, ellos son los que realizan la exhumación.» Él forma parte del Comité de Familias de Víctimas de la Desaparición Forzada, que tiene que seguir los lineamientos de las autoridades que prohíben remover los cuerpos sin presencia de agentes de la Procuraduría General de la República y de la antropóloga designada.

En el país se han registrado oficialmente 23 mil 272 casos de desaparición forzada entre el 2007 y el 2014. Cada día, 13 mexicanos desaparecen, uno cada hora con 52 minutos, y el 40% de ellos son jóvenes de entre 15 y 29 años, según el Registro Nacional de Personas Extraviadas o Desaparecidas (RNPED).

El Comité nació el 16 de noviembre del 2014 y lleva, por sí solo, más de 350 casos, incluidos algunos en los que se perdió el rastro de la persona hace ocho años. En contraste, casos como el de Aldo Mastache son muy recientes: este joven fue secuestrado en Iguala el 23 de septiembre de 2014, tres días antes que los 43 normalistas de Ayotzinapa, cuando iba a abrir su negocio y tenía a su hijo de dos años en brazos.

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Lo que une a este grupo de familiares es la incertidumbre y el dolor. Mario Vergara, uno de los fundadores quien busca a su hermano Antonio, explica: «Ya no somos las mismas personas que éramos antes, parecemos sonámbulos. Ellos ya están muertos (mientras señala un montoncito de tierra donde hace unos días encontraron dos cuerpos quemados) pero hay gente que está muerta en vida y que pide a gritos nuestra ayuda.»

«La PGR es más lenta que una tortuga» afirma Vergara, tardan días en llegar después de las demarcaciones que hace la gente del Comité, además de que ellos sólo trabajan de lunes a viernes y los familiares lo hacen diario. «Nosotros buscamos con corazón, con ganas de encontrar algo, ellos (PGR) no tienen familiar perdido» dice mientras se le inundan los ojos y muestra los callos que tiene en las manos.

Comenzaron con el apoyo del grupo de policía comunitaria UPOEG, pero ahora sólo mantienen el contacto telefónico. No todos son campesinos, en su mayoría son amas de casa, jornaleros o gente que tiene negocios como pequeñas ferreterías. Hace sólo dos semanas que la Gendarmería empezó a acompañarlos para darles seguridad frente a la amenaza de las bandas criminales que operan en la zona, como Guerreros Unidos y Los Rojos, que se disputan el territorio.

«A lo mejor mi hermano no está aquí, pero hay mucha gente que está enterrada en este lugar», dice Mario Vergara. «Ha nacido una luz de esperanza porque sí hemos encontrado cuerpos, eso nos ha regresado un poco de paz, cada cuerpo que sacamos yo lo entiendo como si fuera mi hermano, todos llevan el nombre de mi hermano (se le corta la voz). Te sientes orgulloso porque ya una familia va a estar en paz. Ojalá sirvamos de modelo a la gente que tiene un familiar desaparecido, ya nos dimos cuenta que no somos los únicos que vivimos esto.»

El jueves 29 de enero, tras su identificación positiva, la PGR le entregó un cuerpo a la familia a la que pertenece, del vecino municipio de Teloloapan, transcurrido un año y medio desde su desaparición. El Comité, cuya búsqueda permitió hallarlo, recibió un mensaje de una mujer a la que se refirieron como «señora Rosalba», en el que expresaba su agradecimiento y decía que algún día vendría a darlo personalmente porque por fin encontraron a su hermano.

Mientras tanto, ellos seguirán reuniéndose en la Parroquia de San Gerardo María Mayela, sitio en donde Amnistía Internacional se instalará próximamente para investigar los más de 380 casos registrados de víctimas de desaparición en Iguala y otros municipios de Guerrero.