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Tuesday 29 September 2020
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Historias cortas para vidas largas

Se presentó en la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal del libro «El Surco: historias cortas para vidas largas» de Iván Uriel Atanacio, escritor y politólogo, dicha obra esta basada en experiencias y testimonios reales, así como sus propias vivencias del fenómeno migratorio que alcanzan para la narrativa.
Los surcos no se caminan ni se recorren: se labran. Los surcos se vuelven el todo, y nosotros los fragmentos” de Iván Uriel Atanacio.

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457 thoughts on “Historias cortas para vidas largas

  1. Amina

    Minoredas de votantes . trdiacudas a mayoreda absoluta. Y con eso, regreso al pasado a golpe de decreto, como bien defines la situacif3n, Rosa. Genial el veddeo que aporta Red Varon. No me canso de repetirlo: De haber existido internet en los 70 ni de cof1a nos cuelan la Mode9lica Transicif3n . Lo bueno es que ahora tenemos perspectivas. Y hay relatos, discursos, que como las malas pelis, no resisten el tiempo. Y en este punto, unos quieren volver a otro ya pasado, demode9 , mugriento y casposo en el que todo les fue muy bien. A ellos, claro. Y a sus ancestros. Pero por mucho que se empef1en, no pueden vender la moto a todos durante todo el tiempo. Por eso, quienes han visto con claridad el me9todo lampedusiano con el que salimos de la Dictadura como-si-aqued-no-hubiese-pasado-nada ya este1n, en estos momentos, en otro proceso. En la calle y al margen de las Instituciones que cada deda que pasa, nos representan menos a la mayoreda y me1s a ellas mismas exclusivamente. bfHasta cuando? Se preguntaba c0ngels M. Castells en su artedculo de ayer. Pues, hasta que seamos tantos los que tengamos consciencia de cuanto este1 pasando que la marea lo desborde todo. Es cuestif3n de tiempo. Y aunque nos parezca a cuantos lo tenemos claro que ya sobran las palabras, que es preciso me1s hay gente que afan no lo pilla. En parte por entendederas y en parte porque la presif3n medie1tica es fortedsima. La labor de la palabra, incansable, ha de repetirse por nuestra parte hasta la saciedad. En cada persona que consigamos abrirle los ojos tendremos un punto de apoyo para seguir ampliando la indignacif3n. Sin ella, imposible la reaccif3n. Y luego este1n los que, afan cuando les pongas el melf3n abierto sobre la mesa, te van a decir que no. Que vale, pero . que no. Y sin argumentos. Contra esos no valen las palabras. Ni tampoco perder nuestro tiempo. Obviarlos, sin perderles de vista con el rabillo del ojo. Resistir. No callar ante cualquiera que sea el foro. Desobedecer. Protestar. No hacer nada que se parezca a esa mayoreda silenciosa que tanto gusta a los amigos del pasado. Saludos.

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