Indígenas urbanos e indigencia

Alejandra Maciel

 

Aunque persiste el debate sobre el número de indígenas dentro la población de la Ciudad de México, se puede sostener la existencia de al menos 500 mil habitantes. Mientras que el área metropolitana albergaría una cifra superior al millón de personas.

Otros estudios sostienen que la capital es el área geográfica con la mayor representatividad pluriétnica del país, e incluso del continente americano. Sin embrago, a menudo se la ha borrado, al no reconocer la especificidad de su gente, al marginarla o excluirla.

La antropóloga Regina Martínez Casas, investigadora y académica del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, CIESAS, explica que el llamado indígena urbano puede ser tipificado de tres maneras. Primero, quien es miembro de pueblos originarios, es decir, de poblaciones ubicadas hoy dentro del conglomerado de la ciudad o del área metropolitana, pero cuyo asentamiento históricamente se encontraba independiente a ella. Segundo, indígena urbano es también el que integra comunidades de residentes, procedentes de otras tierras pero que se han avecindado en la ciudad. Y tercero, quien es parte de grupos de indígenas migrantes que se encuentran en situación de tránsito en la metrópoli.

Así, la diversidad que representan deriva tanto de la propia riqueza multiétnica existente en México, como de la forma en la que se reivindican en la urbe o se apropian de sus espacios. En este panorama, la Dra. Regina dilucidó también si es posible hablar de indigencia indígena, o de indígenas en situación de calle: “Lo que llama la atención de muchos investigadores que se dedican a este tipo de temas es que hay menos probabilidades de que un indígena que llega a la Ciudad de México caiga en una situación de calle que otros migrantes no indígenas, debido a que generalmente llegan dentro de redes familiares y paisanales”.

Entonces, si por indigencia debe entenderse la persistente falta de medios para satisfacer las necesidades básicas (alimentos, vestido y habitación), lo que obligaría a subsistir en la calle o en albergues, debe admitirse que la indigencia indígena es poco común. Si bien vulnerabilidad, discriminación, exclusión, pobreza e incluso mendicidad son condiciones frecuentes entre los indígenas urbanos, no lo es de igual modo la indigencia o situación de calle.

Salvo excepciones, sus lazos evitan o previenen que los indígenas en situación de tránsito caigan fuera de dichas redes comunitarias.

Si parece que son muchos en la mendicidad es porque se notan: son “los visibles entre los invisibles”, pero no son mayoría.

Su capacidad para brindar cobijo aún en la precariedad es la misma razón por la que resulta poco frecuente encontrar a indígenas involucrados delincuencialmente. Un fenómeno interesante, que sin duda alerta sobre el tipo de vínculos que los citadinos somos capaces de entablar.

Alejandra Maciel

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