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Monday 28 September 2020
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Mujeres jornaleras, resultado de la falta de oportunidades y desarrollo: Román Hernández

♦ Ellas son silenciadas más que invisibles, Margarita Nemecio

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jornalerosagrícolas

Por Karina Félix

El Centro de derechos humanos de la montaña Tlachinollan es una organización de la sociedad civil que ha asumido la tarea de defender y promover el ejercicio de los derechos humanos en los pueblos de la montaña y en la costa chica de Guerrero. “Existe desde 1994 y que ha lo largo de veinte años ha acompañado procesos de organización de los pueblos indígenas  de la región pero también defendido la búsqueda de justicia y victimas de violaciones graves a derechos humanos. Somos un grupo de apoyo para buscar formas de acceder a la justicia en condiciones de equidad.”, comentó Román Hernández, encargado del área de comunicación de Tlachinollan.

 

Agregó que “desde el año 2006, hemos dado cuenta de los altos índices de expulsión que existen en el estado de Guerrero de personas que debido a la carencia y la falta de oportunidades y desarrollo, se han visto obligadas a emigrar, a salir de sus comunidades para emplearse como jornaleros y jornaleras agrícolas en 18 diferentes estados de la república.”

 

El trabajo que ha hecho Tlachinollan sobre la migración interna del país, está enfocado principalmente en la sistematización de información, documentar bien cuales son las características en las que se desarrolla este fenómeno y ubicarlas en un enfoque de derechos humanos. Se ha documentado la  salida de personas, las condiciones de vida dentro de sus comunidades y también una vez que deciden salir, la forma en la que se dan sus traslados.

 

Margarita Nemecio, del área de migrantes de Tlachinollan, estuvo a cargo de la redacción del informe ‘Migrantes somos y en el camino andamos’, publicado en noviembre del 2011, el cual es una radiografía sobre la migración dentro del país y el papel de las mujeres dentro este fenómeno. “Las políticas al respecto del problema tiene muchos vacíos, ellos son vulnerables.”, señala Margarita. “Gracias al seguimiento supimos cómo, dentro de algunos estados como Sinaloa, Sonora y Guanajuato, las mujeres trabajadoras se perciben en una supuesta igualdad, sin embargo hay marginación, sobre explotación; lo que implica ser madre, mujer, hay desatención en temas como el acoso y la violencia, en contextos dentro y fuera de la comunidad”

 

Hace 10 años Tlachinollan, preocupados por esta situación, generó  una investigación para conocer los estados, los flujos migratorios y las violaciones a derechos humanos. Fue que hace dos años el informe se dedicó también a estas mujeres. “Ellas son silenciadas más que invisibles. Los testimonios hablan de miedo, de miedo a perder su única fuente de ingresos, al contexto al que se enfrentan y son realidades que no se comprenden porque se dejan atrás. Tenemos que hacer partícipe al gobierno, y hemos logrado que se cree un Consejo de jornaleros, en el cual participan 4 mujeres de comunidades indígenas.”

 

Hoy en día, la oferta laboral que avalan en las zonas agrícolas, permite que la migración sea familiar, ya que se emplean prácticamente a todos los integrantes de los grupos domésticos incluyendo a esposas, hijos e hijas. Al mismo tiempo se movilizan cada vez más mujeres acompañadas únicamente por sus hijas o hijos, y jóvenes solteros. Es común que se vayan jóvenes con sus hermanos menores, o bien, menores que van en compañía de algún familiar como sus abuelos, tíos, padrinos o vecinos.