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Monday 28 September 2020
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Violencia, megaproyectos, narcotráfico, juventud; son elementos olvidados en estudio sobre pobreza del Coneval: Clara Jusidman

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El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) dio a conocer su estudio sobre pobreza en el país correspondiente al periodo 2010-2012. De acuerdo con el documento, la cantidad actual de pobres es de 53 millones 349 mil personas, esta cifra representa el 45.5% de la población total.  Clara Jusidman Rapoport, economista, presidenta honoraria de la organización Incide Social; comenta que estas cifras no reflejan realidades como la violencia, el aumento de megaproyectos, la extensión del narcotráfico y, en general, un panorama adverso en cuanto a posibilidades de desarrollo para la población joven.

De las cifras referidas, 21.2 millones son niños y jóvenes menores de dieciocho años y de estos, 4.7 millones se encuentran en pobreza extrema. Clara Jusidman refirió que el modelo económico que prevalece desde hace más de treinta años en el país ha generado que los padres estén más ocupados en obtener ingresos necesarios para la supervivencia de la familia y se abandone la atención a los hijos, lo cual ha derivado no sólo en una carencia de índole material para los menores, sino también, de carencias sicosociales fundamentales.

Los salarios obtenidos por gran parte de la población, señaló la especialista, “han precarizado las condiciones de vida de las familias e incluso han deteriorado el concepto de trabajo. La precarización está vinculada a circunstancias como el aumento del alcoholismo, la drogadicción, la violencia intrafamiliar  y el abuso sexual”.

La violencia generada por el narcotráfico es un factor que Coneval no introduce en su estudio y que está generando que las familias sean desposeídas de sus tierras, que sean expulsadas de sus comunidades. Clara Jusidman mencionó que la delincuencia organizada, en connivencia con las empresas mineras, turísticas;  está desplazando comunidades enteras. Como ejemplo reciente la investigadora mencionó el caso de la Sierra de la Concordia, en el municipio de Mazatlán, Sinaloa;  donde las familias han dejado todo para irse a vivir a lotes precarios dotados por el municipio.

“Yo acabo de estar en el norte de Sinaloa y la gente me denunciaba cómo las camionetas de las empresas mineras pasaban con una luz amarilla y los delincuentes no les hacían nada pero se la pasaban acosando a las comunidades para que se salieran y las mineras pudieran entrar a la explotación del oro. Yo creo que esto está pasando en todo el país con un alto grado de corrupción de los gobiernos locales y de ingobernabilidad.” “Este fenómeno no ha sido evaluado en su real magnitud”, comentó la investigadora y añadió que en el estado de Tamaulipas se vive una situación similar pues la delincuencia organizada llega con los ganaderos y los despojan de sus ranchos.

Para la presidenta honoraria de Incide Social estas situaciones no son sólo un problema inherente a la pobreza, un factor fundamental olvidado es la desigualdad. “Desde mi óptica no es un problema de pobreza, es un problema de desigualdad y lo que hemos hecho son programas para regular a los pobres.”

“Las ciudades están totalmente segmentadas, en conflicto latente. La gente se va enojando cada vez más ante la desigualdad. Las ciudades se han convertido en zonas de desastre, en zonas donde convive la pobreza más terrible frente a la riqueza más exhibicionista y esto genera resentimiento.”

En Ciudad Juárez, por ejemplo, “los jóvenes a los doce años dejaban de seguir en sus estudios porque se daban cuenta que sus opciones eran  migrar o  entrar a los dieciséis años a la maquila, entonces se pasaban cuatro años en vela. Lo que los ilustres descubridores de estos fenómenos están llamando ninis, es una historia de Ciudad Juárez y de varias ciudades de maquila”.

“Vienen los acontecimientos del once de septiembre, se cierra la frontera y entonces el mercado de drogas se vuelca sobre Juárez. El número de picaderos -donde las personas van a que les inyecten droga-  aumentó al doble y entonces los narcotraficantes empezaron a trabajar sobre el mercado mexicano y estos chicos que estaban ahí esperando llegar a los dieciséis para entrar a la maquila, empezaron a ver que era muy fácil colocando droga, vendiendo droga, ganarse mil quinientos, dos mil pesos a la semana, cosa que no iban a lograr en un mes de trabajo en la maquila. Los criminales les empezaron a pagar entonces con droga y los incorporaron al proceso. ”

“Ante las carencias de opciones de vida, de seguridad en el largo plazo, los jóvenes asumen una vivencia de lo cotidiano, de lo inmediato y dicen ‘mejor rico ahora que pobre toda la vida’ aunque me cueste la vida.”

La falta de opciones de trabajo dignas, el estancamiento de la economía mexicana, son aspectos que Clara Jusidman señaló como causas fundamentales por las que los jóvenes se convierten en víctimas y victimarios al tratar de encontrar opciones de vida. La investigadora añadió que en nuestro país se ha perdido la posibilidad de aprovechar el bono demográfico.

Respecto a la Cruzada Nacional Contra el Hambre manifestó que no tiene recursos presupuestales específicos “están jugando sobre la alineación territorial de setenta programas que ya están en operación”.  Añadió que  está basada en un modelo de alianzas, concertaciones y distribución de responsabilidades entre instituciones del gobierno federal, estatales, municipales y de las empresas privadas que ha demostrado su disfuncionalidad.

No hay tampoco información de por qué empresas como Nestlé y Pepsico, por ejemplo, serán las encargadas de desarrollar las actividades de educación y nutrición, ¿qué idea de educación y nutrición tienen Nestlé y Pepsico?, cuestionó Clara Jusidman.

Comentó además que “no hay una estrategia y no están considerando instituciones que históricamente han jugado un rol fundamental en los programas alimentarios previos, es el caso del Instituto Nacional de Nutrición, Salvador Zubirán y del el Instituto Nacional de Salud Pública. A mí me llama la atención que no estén participando.”

“Están hablando de baja productividad, la baja productividad tiene que ver con bajos salarios, le han robado a los trabajadores lo que han aportado en materia de productividad a este país, no les reponen ni la inflación al salario mínimo,  ¿quieren productividad? Revisen salarios, redignifiquen el trabajo y que la gente pueda adquirir alimentos a través de lo que produce con su trabajo “, concluyó la investigadora.